Sentimental (y esperable) ejercicio cursi para lectores cómplices.

2006 July 9
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Posted by Alena

  

Esta noche, sin venir a cuento, he hecho un ejercicio sentimental y cursilón de nostalgia, de esos que no me gusta hacer porque impiden levantar vuelo y desplegar alas.

Digo sin venir a cuento porque no andaba yo en esas ideas, sino haciendo algo tan prosaico como cenar chuletas de cordero.

Y de repente, me ha sucedido como a Proust con su célebre magdalena, pero por supuesto sin llegarle a la suela del zapato: las chuletas me han llevado lejísimos…

Me he encontrado en año nuevo, comiendo cordero asado, con dos copas de champagne y velitas iluminando…y después, de ahí me ha llegado el olor de la sopa de almendra en nochebuena, y entonces he recordado las “sombras” que, de pequeña, creía ver la noche de Reyes, sin imaginar, claro, que eran las sombras de mis hermanos esperando a ponerme los juguetes; y de esa escena me ha llegado otra,  en la que, por el pasillo montaba mi caballito de cartón, que se llamaba Charlatán, y de aquello he saltado sin saber cómo a los días de colegio del invierno, y me he visto en la cama de mis padres, por la noche, y he escuchado otra vez las voces de toda la gente de Casa, mientras yo me iba a dormir, con la luz del pasillo encendida, y cómo a las nueve y media entraba despacio mi hermana, me hacía un gesto de “ya estoy en casa”, y a las diez y media mi hermano abría y me decía bajito “voy a cenar, ¿estás mejor?”, y mucho más tarde, cuando ya se habían acostado Papá y Mamá, a la una, oía la puerta entre sueños, y después unos pasos que se acercaban, y desde el dintel mi hermano mayor susurraba “ vengo del teatro”…

Entonces me acurrucaba definitivamente: ya estaban todos en Casa, y para mí el mundo era bueno y siempre lo sería…

Me he quedado en esa imagen: “el mundo era bueno”… ¿cómo pueden permanecer imágenes, gestos, olores, tanto tiempo en la memoria  y resumirse en que “el mundo era bueno”?… Quizá es que ser adulto es ir sabiendo lentamente que en innumerables ocasiones la puerta de casa no se abre sino para decir, para empezar a decir adiós.  Y decir adiós, a través de los años recompone un puzzle que creíamos que estaba bien terminado, pero que en realidad sólo se acaba cuando somos nosotros mismos quienes nos marchamos.

Sí. Un recorrido sentimental y cursilón el de hoy; casi da algo de vergüenza exponerlo así, pero también es verdad que vivir a veces trae consigo la nostalgia.

La nostalgia de cuando “el mundo era bueno”.

 

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