Madres muy “provectas”…
“No conocemos cuál será el efecto cuando ese niño cumpla 20 o 30 años y su madre tenga 70 u 80 años”, agrega.
Una de las opiniones acerca del caso de la mujer de 66 años que ha dado a luz en EEUU.
Viene esta opinión o más bien pregunta en el canal de Terra, incidiendo en que no se conocen las consecuencias para los niños nacidos cuando crecen.
Bueno; como saben quienes me conocen, he aquí a una protagonista de una madre de “edad mayor de lo normal”…Mi madre me tuvo a la muy “provecta” edad de 46 años, para 47, justo los que yo voy a cumplir ahora. Y tengo que decir que el “experimento” no salió nada mal. Veamos, porque también quienes me conocen saben de los problemas físicos que yo arrostré desde nacer…
Probablemente si el hecho se hubiera dado en nuestro actual mundo tan práctico, a mi madre le hubieran hecho ochopotocientas mil pruebas y le hubieran dicho que su niña iba a tener tal cantidad de problemas físicos que le dificultarían de un modo grave la existencia, y que teniendo en cuenta además que aparecían en todos los “scaneres” del mundo mundial síntomas de síndrome de Down, dislexia, dismetría acusada, y malformaciones cervicales, lo mejor sería que abortara tal “engendro”…o sea…Yo.
Y sin embargo entonces, afortunadamente no había esas cosas y nací, qué caramba…
Mi vida ha sido muy dura en el plano físico, desde muy pequeña, eso es verdad, pero es curioso, una de las cosas que más he agradecido siempre es que mis padres fueran Mayores; quiero decir, más mayores de lo habitual. Mi madre no trabajaba fuera de casa y cuando yo nací no se estilaban las guarderías donde aparcar a los niños. Yo me crié en casa, y dentro de un clima de afecto que es dificil encontrar más.
El que mis padres fueran mayores posibilitó que pudieran ser Amigos míos sin ser “coleguitas”. Es decir, que no usurpaban el papel de los amigos de mi edad pero a la vez estaban siempre ahí para compartir lo que fuera necesario.
Eso hizo (o me hizo a mí) también tener la seguridad de un respaldo en el que no intervenía la cercanía de vivencias sino la complicidad de haber pasado por las cosas hacía mucho más tiempo, haberlas asimilado y poder darme la libertad para vivirlas a mi manera.
No me hubiera gustado nada tener un padre colega. Un padre que tuviera mis mismos amigos, o una madre (como las que he tenido que aguantar en mis amigos) que se venía a tomar copas y a escuchar las “confidencias” entre mis amigos y yo.
Se pregunta el informante cómo será la relación cuando el “niño ” tenga 30 años, y la mamá 77 por ejemplo…
Mmmm..con mis 33 años y los 79 de mi madre, tuve que correr detrás de ella para coger por los pelos el bus Santander-Santillana del Mar, y decirle una vez allí que por dios y todos los santos nos sentáramos un rato, uno porque era yo la que estaba cansada y dos porque llevábamos dos horas sin parar de reirnos y tenía sed…
Tu narración, que casi conmueve, emociona; y le deja a uno el dulce sabor de una historia con final feliz. Además, deja entrever esas pequeñas cosas que nos ofrece la vida, cosas que sólo se valoran cuando son vividas. Quien apenas disfrutó de su padre siente sana envidia.
Me alegra sobremanera que hayas vivido así de bien unos padres mayores. Yo tengo la otra versión, fui madre joven. Te aseguro que no soy la coleguilla de mi hija y que ella está encantada aun cuando la gente repite mucho lo de “parecéis hermanas…”. Creo que la cuestión no es la edad del cuerpo sino de la mente. Tengo un montón de amigas cuyas hijas son más pequeñas y a las que andan “marcando” sin contemplaciones sin acordarse de lo que todos hemos hecho a ciertas edades y sin dejar que tomen decisiones. Me alegra que todos los astros se pusieran de acuerdo para dejarte nacer. Un saludo