Indulgencia.

2007 February 19
Posted by Alena
 

Lunes extraño. Amanezco a las doce, después de una noche rara; con algo de fiebre, menos que el sábado, pero aún así con un sueño pesado y sin relajamiento.

Para acabarlo de arreglar, la perrilla anda pachucha. Así que cuando me despierto agradezco que sea lunes, porque viene la asistenta y me despreocupo algo más de tareas caseras.

Como consecuencia de lo tardío de la hora (creo que no me levantaba a las doce desde febrero del año pasado), desayuno minimamente, me precipito a la ducha, salgo a la calle con prisa, y la asistenta me mira con perplejidad.

 

-Pero, ¿qué prisa tienes?…

-Toda, tengo toda.

-Pero si ya está todo hecho…mujer, al menos tómate el café con calma….

 

Pienso que lleva razón. Y sin embargo, es curioso, no puedo dejar de sentirme algo culpable de levantarme a estas horas. Y sigue siendo curioso que precisamente ahora que nadie me dice si debo o no debo, que nadie inquiere horarios, que nadie me “amonesta” con lo que tendría que hacer, sea yo la que se mira al espejo y dice eso de “esto no puede ser”…como un profesor regañón.

El ejemplo me hace reflexionar un poco. Siempre me gusta sacar consecuencias de las cosas que me ocurren; y me quedo pensando si será que por diversas circunstancias hay cosas, situaciones, que no me permito, como si permitírmelas fuera un delito, suavizado, pero delito, como si no tuviera libertad para darme a mí misma ciertos permisos.

Cuando me he tomado el café, deliberadamente despacio porque pienso todo esto, concluyo que sería menester ser un poquitín más generosa conmigo misma, un pelín más flexible, algo menos intolerante para los propios actos.

 

Pero es complicado; no este caso en concreto, claro, pero sí el saber que para conocerse hay que saber hasta las tonterías por defecto o por exceso que una hace y a veces perdonarse con una sonrisa de indulgencia…

 

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  1. 2007 February 19
    Tomás Permalink

    Mira… yo me sigo despertando a la hora de siempre, a la impertinente hora de las 6,30 am que era la hora en la que el despertador comenzaba a espabilarme para levantarme cuando tenía que acudir al trabajo. Y, burro que es uno, o vaya usted a saber, ahora que nada ni nadie me manda (es un decir)hay días en los que abro los ojos sobresaltado, como si alguna obligación me esperara. Incluso tengo la sensación de que me van a quitar el campo por el que paseo; que el quiosquero agotará los periódicos y que la noche caerá antes de que llegue el mediodía.¿Será la edad?

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