Morir por algo.
“Mi hijo murió para nada”…
Esa sencilla frase ha dicho Cindy Sheehan, que se significó en pedir explicaciones por la muerte de su hijo, soldado en Irak.
Y deja de batallar contra la guerra.
Hace bien; con ello y sus pequeñas, mínimas declaraciones, resume la derrota del ser humano medio, normal y corriente contra el Sistema. Contra todas las palabras hueras, vacías de sentido, y vacías además de verdad. Las guerras siempre son para nada. Solo interesan a los políticos en tanto que puedan adquirir más poder, más dinero y más lugares donde implantar sus leyes a golpes de bombas y botas militares.
Las guerras, Cindy, no sirven para nada. Lo demás, las explicaciones que dan los Señores de la Guerra solo sirven para que gente como tú tenga un hijo muerto. Exclusivamente.
Y sin embargo a mí tus pequeñas declaraciones, mínimas, me sirven para pensar que nunca el Mal estuvo tan cerca del poderoso como en este fin y comienzo de siglo. Nunca se justificó tanto el Mal con la mentira, con la brutalidad del Sistema: tú no existes, Cindy, para este Sistema. Para él, lamentablemente, eres tú la que no sirves para nada…
Lamentablemente es cierto, personas como Cindy, como nosotros mismos que nos negamos a ser peones en una grotesca partida de ajedrez mundial, somos quienes no valemos para nada en este macabro juego de vivir o la economía…
Pero seguimos teniendo la palbra.
¡Beso!
El mundo está lleno de Cindys, amiga mía. Tendrán otra piel, otro color, hablarán otro idioma… pero el dolor de su corazón será el mismo. Y, en cuanto a la guerra, ¿qué decirte que no sepas? Dice el “todopoderoso” señor del imperio que en Irak servirá para llevar la paz y la democracia. ¡Qué desfachatez!